Can Buades
Ubicada en una topografía privilegiada de Esporles, donde la parcela se eleva sutilmente sobre la cota de la calle, la vivienda se concibe como una charnela natural entre el tejido urbano y el entorno rural. El proyecto renuncia a imponerse en el paisaje; por el contrario, actúa como un filtro permeable que dialoga de manera constante con la vegetación y la imponente topografía de la Serra de Tramuntana. Los volúmenes se fragmentan y articulan no solo para dar respuesta a las necesidades programáticas, sino para salvaguardar y abrazar el arbolado preexistente, convirtiendo la naturaleza en el eje vertebrador del proyecto y reforzando, así, la identidad intrínseca del solar.
La propuesta formal se aleja del artificio para abrazar una profunda austeridad constructiva y geométrica, garantizando una arquitectura atemporal, de máxima durabilidad y mantenimiento contenido. Es una reivindicación del sistema tradicional mallorquín destilado a través de una lente contemporánea. El uso de materiales nobles y arraigados a la isla, como la piedra de marés y la cerámica, permite que las fachadas respiren y adquieran la dignidad de la pátina del tiempo. Esta paleta matérica, cruda y honesta, busca mimetizar la intervención con la paleta cromática de Esporles, enraizando el proyecto en su contexto histórico y cultural.
La articulación volumétrica genera un juego de contrastes fenomenológicos: mientras que ciertos espacios se recogen sobre sí mismos buscando la introversión, la intimidad y el refugio, otros se abren de manera rotunda, enmarcando las vistas hacia la Serra y disolviendo los límites entre el interior y el exterior. El programa se estratifica de manera lógica y respetuosa en tres niveles.
El basamento, en planta sótano, se concibe como el espacio de arraigo a la tierra: alberga las necesidades logísticas —aparcamiento, almacenaje y sala técnica— y libera las plantas superiores para la experiencia habitable.
El plano fluido, en planta baja, es el corazón de la vivienda. Un espacio de naturaleza continua y pública donde se desarrollan las zonas de día y se ubica una habitación de invitados. Su diseño maximiza la permeabilidad, permitiendo que el jardín y los árboles preexistentes fluyan hacia el interior.
El mirador, en planta piso, se eleva sobre el conjunto a modo de torreón contemporáneo y alberga la habitación principal. Funciona como un refugio elevado, un lugar de contemplación diseñado específicamente para pausar, estar y absorber las privilegiadas vistas del paisaje mallorquín.